la historia del concierto económico en profundidad

La llegada del Concierto Económico

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En 1876, tras la segunda y última Guerra Carlista, los Fueros son eliminados pero no en su totalidad. En la Ley de 21 de julio de 1876, Antonio Cánovas del Castillo, Presidente del Gobierno, determinó la obligación de las provincias de pagar dinero a la Hacienda y aportar hombres a las quintas. La forma de hacer efectiva la obligación de que las provincias pagasen sus impuestos, fue llegar a un acuerdo con las Diputaciones. A través de ese acuerdo, éstas se responsabilizarían de recaudar y pagar lo que se suponía que el Ministerio de Hacienda hubiera podido recaudar por su cuenta. Este acuerdo es lo que conocemos como Concierto Económico.

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En 1876, tras una segunda y última Guerra Carlista, los Fueros son eliminados pero no en su totalidad. En la Ley de 21 de julio de 1876, Antonio Cánovas del Castillo, Presidente del Gobierno, determinó la obligación de las provincias de pagar dinero a la Hacienda y aportar hombres a las quintas. Al año siguiente, como las Diputaciones se resistieron a cumplir estas obligaciones impuestas, Cánovas dictó la sustitución de las Diputaciones Forales por Diputaciones Provinciales, en principio, iguales a las del resto del país. A Cánovas se le planteaba el problema de cómo hacer efectiva la obligación de que las Provincias pagasen sus impuestos, cuando no había estructura administrativa ni estadística precisa para ello. La solución provisional fue llegar a un acuerdo con las Diputaciones Provinciales, constituidas por elementos transigentes, parcialmente dispuestos a colaborar con la Ley de 21 de Julio. A través de ese acuerdo, éstas se responsabilizarían de pagar lo que se suponía que el Ministerio de Hacienda hubiera podido recaudar por su cuenta. Las Diputaciones quedaban, por tanto, encargadas de la recaudación de los principales impuestos del momento, los incluidos en el acuerdo. El plazo de vigencia de ese acuerdo, en principio, se determinó que abarcaría ocho años. Este acuerdo es lo que conocemos como Concierto Económico, porque en el preámbulo del Decreto de 28 de febrero de 1878 que lo aprobó, se hacía referencia a la necesidad de que las Provincias entraran en el "concierto económico" de la nación.

Para que las Diputaciones pudieran pagar esas cantidades, lógicamente, se tenía que ofrecer a las mismas la opción de recaudar los impuestos acordados, a los que se añadían unos arbitrios, ahora autorizados, aunque recaudados ya antes de la guerra. Desde este confuso principio, las Diputaciones fueron capaces de mantener su status especial, además de adaptar el nuevo sistema a las cambiantes circunstancias del país. En efecto, en Bizkaia, desde la segunda Guerra Carlista se produjo un fuerte crecimiento económico y demográfico, sobre todo concentrado en las orillas de la ría del Nervión. El incipiente proceso de explotación minera de la inmediata preguerra, estalló prácticamente a la vuelta de pocos años.

Las crecientes necesidades de las explotaciones mineras supusieron nuevas infraestructuras: ferrocarriles, mejora del puerto, etc. La Diputación subvencionó a los ferrocarriles, pero también construyó antes de la Guerra uno propio, el Ferrocarril Minero de Triano, que atendía al transporte de las minas más ricas del momento. Este ferrocarril, único en la España de la época porque era de propiedad pública, y sus ingresos, en algunos años cuantiosos, permitió a la Diputación no recaudar los impuestos concertados. No hay que olvidar que las décadas finales del siglo XIX y las primeras del XX fueron los momentos más expansivos de la explotación y exportación del mineral de hierro hacia Inglaterra, Bélgica o Alemania. Además, el mineral de hierro también fue transformado por las siderurgias locales, como Altos Hornos de Bilbao y La Vizcaya, fusionadas en 1901,-junto con La Iberia- como Altos Hornos de Vizcaya.

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